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martes, 15 de marzo de 2011

El Face y los Tripolares




Nada tiene un verdadero éxito sin que tenga un claro valor y parece que en la sociedad actual el baluarte del valor es la utilidad. Alguna vez escuché que el valor de las cosas está en su uso. No sé si estoy de acuerdo, habría que redefinir bien qué es usar para que me atreviera a pronunciarme.

En el caso del éxito de las Redes Sociales habría que buscar en el centro del corazón y de las necesidades humanas para entender que quinientos millones de personas pertenezca a alguna de ellas.

Según charles con unos o con otros las opiniones varían, partidarios a morir de estas redes o detractores al máximo, pasando por los que no se-no me importa.

Las Redes Sociales no son nuevas. Lo parecen, como muchas otras cosas, pero no lo son. Las buenas ideas no suelen tener éxito siempre, pero las que funcionan sí, se copian siempre. No hay ni una sola cosa que funcione bien en el mercado que no tenga la competencia asegurada, sea un refrito, una imitación o una copia mejorada o diferenciada. Las buenas ideas necesitan un terreno abonado para crecer o lo que es lo mismo pero menos metafórico, unas circunstancias favorables.

¿Por qué tienen tanto éxito las Redes Sociales?

En primer lugar porque son gratuitas para los usuarios, en segundo lugar porque han generado una estructura multiplicadora y sistemática, en tercer lugar porque configuran un perfil de identidad, un mostrador de nuestras vanidades al mundo exterior, es sumamente interesante analizar la información que cada uno muestra en su perfil, la más significativas son las fotografías. Se podría escribir un libro con las imágenes que nos gusta transmitir a los demás: La seducción con la sonrisa, los que se esconden bajo su foto de perfil, los que no se muestran, los que se muestran en primer plano, en segundo plano, de lado o a través de otro personaje o la imagen como escudo protector,quizá condicionados por el pudor o la desconfianza... Vamos a parar aquí, la lista sería muy larga.

¿Cuáles son las circunstancias favorables en la actualidad?

No cabe duda que hemos vivido en los últimas décadas una revolución en las comunicaciones y como consecuencia un desbordamiento y desorden en la información. Hay un exceso de repeticiones sobre las mismas noticias, un machaqueo constante de actualidades que se engrandecen conforme pasan las horas, a veces, los minutos. Esto produce una deformación de los contenidos objetivos de las noticias y por lo tanto una desvalorización y manipulación, y un claro descrédito en los fundamentos de la información. En unos segundos lo ocurrido en la otra parte del mundo está en forma de noticia en tu teléfono móvil o en tu ordenador. La inmediatez se ha configurado como un valor. Las redes sociales tienen este valor, lo que estás pensando está en la red y en los ordenadores de tus “amigos” en lo que cuesta apretar el botón. Se multiplican los amigos, por los amigos de tus amigos y los amigos de los amigos de tus amigos y así... no se hasta donde.

Sin duda estas redes tienen aspectos muy positivos, por ejemplo su capacidad para convocar e invitar a eventos, pertenecer y debatir en los grupos, chatear con nuevos amigos o con los de siempre, compartir fotografías, vídeos, etc con la familia o con las personas que estaban anoche en la cena... y supongo que cada uno añadiría lo que use o le convenga. Precisamente por su gran número de sus seguidores se han convertido en grandísimos negocios publicitarios.

Hasta las revoluciones pacíficas en oriente medio han utilizado como herramienta las redes sociales. Curiosamente desde acontecimientos de un hondo calibre, hasta las nimiedades más cursis discurren por el entramado de estos individualizados noticiarios convertidos en soporte comunicativo de una gran masa social. Por sus redes circulan datos, fotografías, vídeos, amantes, amores, fantasías y crudas realidades, música, bancos, empresas de todo tipo, personas jóvenes y mayores, gente de todo el mundo. Se podría decir que es todo un mundo virtual al servicio de los ojos de cada perfil.

Creo que como toda herramienta, su valor está en su uso, o mejor, en cómo se usa. Si bien es cierto que algunos usos nos pueden parecer completamente anodinos, también estaremos de acuerdo que otros tienen un calado y un alcance extraordinarios. Me gusta pensar que desde el ordenador, pasando por los teléfonos móviles y obviamente, las redes sociales, sean todas ellas herramientas tecnológicas para que las personas mejoren sus vidas y no al revés o al contrario que no es lo mismo.. Quizá habría que pararse tranquilamente, de vez en cuando, y repensar a qué dedicamos el tiempo, un bien tan preciado y que hoy solo admite prisas.

Yo recomiendo el face a los tripolares, son esas personas necesitadas de tres vidas, la real, la que gustan de inventar y la que quieren compartir con los demás.

¿En qué estas pensando?...


De Película







El cine está sin duda ligado a la historia de cada una las personas que lo hemos vivido como un modelo, incluso como un ideal, ese mundo tan creativo que nos permite a los mortales proyectar las emociones en cada escena que se significa en lo que sentimos. Algunos aprendimos a besar en el cine.
Clark y Vivien en "Lo que el viento se llevó" crearon un modelo de beso apasionado con paso de Tango incorporado. ¿Quién no lo ha intentado aunque sea para divertirse o divertir? ¿Quién no ha soñado con un amor así en algún momento de la vida real?
El cine ha marcado modas y tendencias de todo tipo, nos centraremos en las emocionales. El amor romántico ha sido y es un tema esencial en las creaciones del celuloide. Probablemente la imitación se convirtió en una tendencia irremediable para la mayoría de nosotros.
Atractivos actores que dan vida a todavía más atractivos personajes. La mayoría son superados por sus personajes, si los conociéramos en su vida real no creo que nos causaran la misma impresión que el complejo compuesto por todas las interpretaciones a las que dieron vida. Todos ellos conformaron un modelo en la imaginación que no se corresponde con la persona que los interpreta.
Lo que el viento se llevó se convirtió en una gran novela de éxito en su época, la película catapultó la narración a un mito en la historia del cine. Una historia con todos los ingredientes: Guerra, ambición, esclavitud, clases, dinero, orgullo, honor, pasión, amor, compasión, hambre, violencia, belleza, malos no tan malos y buenos no tan buenos, todo un elenco de circunstancias, sentimientos y emociones que se funden en la historia de las personas, de cualquiera. Aunque cada uno sabemos qué personaje querríamos ser.
Clint Eastwood denigrado en algunos momentos de su carrera se ha convertido en un mito viviente sorprendiendo cada vez más con sus últimas películas como director y productor. Recuerdo una frase en Sin Perdón que quedó grabada en mi memoria: "Cuando matas a un hombre le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener".
El cine es un arte muy completo, juega y jugamos con él, nos convertimos en sus personajes y sus personajes en nosotros durante unos cientos de minutos. Podemos vivir otras vidas a través de la pantalla y recrearnos en un mundo onírico capaz de despertar deseos, emociones y sentimientos que creíamos escondidos, apagados o incluso inexistentes en nuestro interior. Le llaman la "magia" del cine, a mi entender es la magia de las personas, creadores, técnicos, actores... y público, se produce una interacción entre todos los que tienen que ver en la muestra y el ciclo comunicativo, especialmente en la reacciones más semejantes, sin perder de vista las singulares percepciones individuales.
A cada uno de nosotros nos produce el visionado de una película, por una parte, semejantes sensaciones, por otra, una multitud de matices en las percepciones que se conectan con la experiencias personales, los valores... y quizá las necesidades que cada uno de nosotros vive en el momento. Por aquí debe andar el duendecillo que hace de algunas películas nuestras favoritas.
En mi caso, una de esas películas es Tierras de penumbra. Quizá porque conecto con la visión del director y el guionista, el amor y su pérdida resumida en la frase final: "El dolor de hoy es parte de la felicidad que vivimos, ese es el trato".
La belleza de esta película duele, la fotografía conmueve, las interpretaciones enamoran y los personajes cargados de símbolos se recrean en nuestro inconsciente proyectándose al unísono. Es una historia de amor, de vida, de placer, de dolor y de muerte. La amistad, la ternura, el respeto, la consideración, los formalismos, los convencionalismos, el contexto histórico, la naturaleza, los diálogos... son un todo armónico que conecta directamente con el corazón y el vitalismo, con la ilusión y la esperanza, con el sufrimiento y el compromiso con uno mismo y con los que ama.
Cada película cuenta la misma historia desde infinitas perspectivas, desde un bodrio que no alcanza a hacernos sentir salvo vergüenza ajena, pasando por muchos trabajos mediocres hasta verdaderas obras de arte que consiguen quedarse entre nosotros como parte de nuestra historia.
Aún así, la mayoría aportan algo, las más malas, las regulares, las buenas y las muy buenas. Todas, salvo la genuina excepción, nos transmiten contenidos que en una mente abierta y sin demasiados prejuicios puede invitar a la reflexión, al placer del aprendizaje, a la maravilla de la confrontación, a la necesaria evasión y quizá a la más importante a mi entender, la unión que cualquier espectador pueda experimentar y gozar en una relación íntima con los creadores. Ellos desnudan parte de su alma y parte de un todo de sí mismos para cada uno de nosotros. Un sutil y maravilloso movimiento que considero, en este sentido y en muchos otros, una de las mejores formas de dar y recibir.
Probablemente el amor en su estado puro, sin caras, ni tiempo, ni condiciones.

domingo, 30 de enero de 2011

De Culo


Le gustaba creer que había vivido libremente y que había ido construyendo su camino y como consecuencia parte de su destino, pero sabía perfectamente que no se acercaba más que a una ingenua parte de la verdad.
Darse cuenta de que después de veinticinco años siempre había vivido de culo, padeciendo, sufriendo y al límite le llevó a considerar que el precio pagado por su libertad había sido demasiado grande, incluso innecesario. Aquel día lloró.
Le conocí en circunstancias muy singulares. Por mi trabajo había viajado a Madrid, el avión llegó a las tres y cinco de la tarde, una hora de retraso respecto al horario previsto, cuando al final salí de la terminal el hambre se apoderaba de mis tripas como los motores de los reactores del aire. Después de hacer un trabajito rápido comí deprisa, mucho y mal. La consecuencia no se hizo esperar, salí corriendo hacia los servicios con unas ganas de cagar de esas que no te dejan moverte demasiado deprisa o te lo haces encima. Ya en el baño, entré en la primera cabina, me bajé los pantalones deprisa y solté todo aquello que llamamos mierda directamente al agua. La sensación de bienestar fue espectacular si le añadimos dos pedos de gran potencia y un cuarto de kilo de aire que dejaron mi aparato digestivo inferior en perfectas condiciones, tan liberado que me quedé sentado unos minutos leyendo las reseñas que algún viajero deja en las puertas de estos lugares tan íntimos. La única que recuerdo decía: “Loli, te quiero, te adoro. Rafa”, quizá la recuerdo porque no me pareció el mejor lugar para palabras de amor. Años más tarde rectifiqué cuando en ese mismo aeropuerto me cité en el baño de caballeros con una querida y deseada mujer con el propósito de hacer el amor como posesos. Aquel día entendí a Rafa, aquel desconocido que con un rotulador negro y una curiosa letra de imprenta comunicó al mundo sus sentimientos hacia Loli, solo entonces me pareció entender más allá de la anécdota, y ampliando la perspectiva, aprender a relativizar lo que no entiendo y mis prejuicios.
Al salir del baño me encontré a un hombre sentado en el suelo al lado de la papelera llorando, se diría que quería formar parte de la basura, si hubiese sido el recipiente más grande creo que se hubiese arrojado al fondo, porque de hecho se sentía basura. Lo descubrí tras preguntarle si se encontraba bien y él contestarme afirmativamente, a lo que repliqué si podía ayudarle en algo pues era evidente que no estaba en el mejor momento de su vida. No contestó y yo me quedé en silencio, esperando que se relajara y fuese capaz de articular palabra. Al cabo de unos minutos se rió con un aire de locura y me contestó: “Sí, podría ayudarme: ¿Tiene usted ciento cincuenta mil euros?”
No sabría decirles por qué pero mi respuesta fue automática: Sí, le contesté. Al principio quedó sorprendido y creo que yo también, la situación era sumamente atípica. Soltó otra carcajada concurrida de lágrimas mientras decía: Y ahora me dirá que me los va a dar.
Mi respuesta volvió a ser sorprendente hasta para mi mismo: Según para qué le dije. Su rostro cambió el semblante y sus manos pararon de temblar, me miró fijamente a los ojos enojado y me dijo: ¿Está usted tomándome el pelo... le advierto que no tengo un día para aguantar tonterías?
Abrí mi maleta saqué un sobre grande y extraje despacio la cantidad exacta de ciento cincuenta mil euros en billetes de quinientos euros y se los mostré. Con el fajo de billetes en la mano le pedí que me contara para qué necesitaba tal cantidad de dinero.
No sabría expresarles lo extraño que me sentía yo y todavía menos la cara que puso aquel tipo, tenía los ojos hinchados de estar horas llorando, el olor a alcohol se deslizaba entre sus dientes hacia el exterior, los músculos tensos y la mandíbula desencajada de tanto apretar los dientes, rechinaban. El traje arrugado, la corbata manchada de vómito y un bulto en el bolsillo derecho que por su forma intuí que se trataba de una pistola.
En menos de una hora pasamos de ser dos desconocidos a saber todos sus problemas, conflictos y decepciones a los que se había enfrentado aquel ser humano. Después de trabajar durante veinticinco años lo único que le quedaba era ese traje arrugado, la corbata manchada y un piso donde vivía solo que le iban subastar al día siguiente por falta de pago de la hipoteca. Para eso quería el dinero.

También me contó que su mujer le había pedido el divorcio. Había perdido su estatus y a gran parte de sus amigos junto a la quiebra de su pequeña empresa y un largo etcétera que no voy a contarles porque no lo creo necesario.
Me quedé en la parra pensando en una frase que siempre me disgustó y me decía mi padre:“Tu mejor amigo es un duro en el bolsillo”. En ese instante sonaron dos disparos, la puerta del baño se abrió y dos policías me apuntaban con sus armas: ¡Queda detenido!
Mientras me ponían las esposas sonreí imaginando a aquel hombre en mi coche con ciento cincuenta mil euros en un bolsillo y la pistola en el otro.
Al cabo de seis meses me soltaron por falta de pruebas.
¡Qué fácil es pasar del éxito al fracaso y viceversa!

lunes, 17 de enero de 2011

Tres metros sobre el cielo

Ahora es una película, antes fue un libro y mucho antes una experiencia real, vivida por algunas personas que se enamoraron perdidamente. Y se acabó el amor.¿A dónde va cuando se escapa como agua entre las manos, qué huella deja la intensidad inmensa de lo sentido entre los amantes? ¿Se olvida y ya está?

Desde la ficción se llega a una realidad proyectada, desde la realidad se llega a una ficción creada. Parece que los contrarios están más cerca de lo que parece, por eso dicen algunos estudiosos que el amor y el odio son dos caras de la misma moneda.

¿Qué hay de real en el enamoramiento, o mejor, que hay de ficción en el amor?

La mayor realidad del enamoramiento es sin duda la necesidad y la mayor ficción del amor es su carácter desinteresado. Cómo es posible que una persona pueda creerse que ama o le aman sin condiciones. Cómo es posible que el fundamento del amor que no es sino el interés se vea envuelto en una pura contradicción que trata de disfrazar su esencia, incluso su magia. Si no damos o no nos dan lo que nos interesa cómo podemos amar, de qué sustancia llena de hipocresía hablamos, por qué quieren los que defienden los convencionalismos hacernos creer que se ama incondicionalmente cuando en realidad no existe ningún amor sin condiciones que cumplir, sin exigencias. Y si en el peor o mejor de los casos -tengo dudas serias- se pudiera amar sin dar y darnos lo que queremos o nos interesa, en qué subclase de emoción lo convertiríamos, cómo aceptar que te quieran o querer si no existe una correspondencia entre lo sentido y la realidad, entre una fantasía destructiva y una realidad construida o al revés. Cabría aquí preguntarse, existe alguna realidad entre lo humano que no se proyecte desde la mente. ¿Decir “esto es lo real” es una afirmación rigurosa? Probablemente no, porque sería como creer que existe una verdad inmutable, por supuesto en el tema que nos ocupa, dentro de los límites humanos si los conocemos y los aceptamos.


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Cuántas veces hemos dicho ó escuchado en las reuniones de amigos algo así: “¡Yo con ese/esa... mmmmmmmmm!” Parece claro que son comentarios del tipo que podemos llamar broma imitativa. Hace algunos años concluí que detrás de una broma casi siempre hay una parte seria y además de las que jode, fastidia, decepciona, molesta o desprecia. Analicemos la parte seria de este comentario típico. Podríamos comenzar pensando en el concepto fantasía. Hablamos de un hombre o una mujer que para la mayoría cumple con un modelo mental creado por los convenios sociales abundantemente aliñados con más de unas cuantas especias propias. Nos atraen tanto porque tienen lo que nosotros no creemos tener ¿Por qué si no podríamos ser capaces de desear e imaginar una relación con una persona absolutamente desconocida de fondo? Solo se me ocurre una respuesta, lo contrario, enamorarse es proyectar todo lo que nosotros tenemos, sentimos, deseamos, anhelamos. Todo lo que somos en lo más profundo de nuestra identidad escondida, oculta, disfrazada, acolchada, protegida por la mente de un intenso miedo a que desaparezca, a que nos sea arrebatada. Por eso nos enamoramos tan pocas veces en la vida o añoramos un amor siempre entre bambalinas, por eso nos cuesta tanto entregarnos y enterarnos, sobre todo de que nadie te puede arrebatar tu verdadero ser excepto tú mismo y la muerte... y no estoy seguro.

Enamorarse es encontrar un espejo donde todo lo bueno que hay en ti se refleja en la imagen de otro, romper el espejo o perderlo significa no poder ver más allá de nuestra propia imagen deformada, esa que la cabeza sitúa en una realidad maldita, en todo aquello que no soportamos de nosotros. En los problemas, en las carencias, en los fracasos, en las metas incumplidas, en la falta de voluntad, en la indisciplina, en la capacidad para dejar fluir lo que sentimos hasta la razón para llegar a la acción. Del hacer... al camino, a su disfrute, recorriéndolo con sentido y sin destino. Es como desequilibrarse para buscar el equilibrio, como vomitar, salirse de uno, limpiarse, purgarse, para después volver a comer y disfrutar de cada sabor, de nuestros labios y dedos pringados, del olor a gusto, de los colores y los aromas.

El enamoramiento lo vivimos sabiéndolo liviano, etéreo y a la vez intenso, incluso parece infinito, sabemos que se instalará en el recuerdo como una huella imborrable, perdurará para corroborar que estuvimos vivos, vivísimos, aunque sea por un corto espacio de tiempo. Toda la esencia apasionada de la vida concentrada y reflejada en la atracción imparable por el otro hasta fundirlo con el yo, hasta desaparecer reflejado en otras pupilas. Probablemente uno de los siete movimientos más hermosos que se pueden vivir, seguramente la unión perfecta entre la fantasía y la realidad: Enamorarse... a tres metros sobre la tierra es mejor, mucho mejor, solamente se va un poco más allá de nuestra verdadera medida.


Una bala en mi cabeza



Suena el timbre, abro la puerta, tras ella un cañón del mejor revólver del mundo, un Colt Anaconda calibre 44 magnum apuntándome directamente a la cabeza, encima de los ojos, entre ceja y ceja. Detrás unos ojos saltones, nerviosos, dilatados y moviéndose deprisa, cegados de furia.

No reacciono hasta que un grito hace añicos el silencio y suena un disparo, no sabría decir qué fue antes, durante o después: el silencio, el grito o el disparo.

Esa mañana, extrañamente, lo primero que hice al levantarme fue leer mi horóscopo, decía: "Como signo de Aire que es, necesita el estímulo intelectual, el razonamiento y la conversación. Su gusto por la estética y la ética le lleva, muchas veces, a buscar una perfección que no encuentra. Sabe que sin el otro, uno no es nada. No le gustan para nada los ambientes toscos ni las tensiones. Es amante de la paz y de la concordia. En su afición por lo bueno puede llegar al sibaritismo. Vuelven a producirse condiciones muy afines a su idiosincrasia personal, aunque será por poco tiempo y no se presentan con gran fuerza. Numero: 44 Día: Sábado."

Coincidencias, cuando sonó el timbre y abrí la puerta... sábado, mi día preferido. ¿Las preferencias no sirven como un halo divino y protector? Me parecía increíble tener el cañón de una magnum apuntándome en el mejor día de la semana.

Ni siquiera tuve miedo del aquel agujero oscuro, en realidad lo que me asustó hasta el colapso mental fueron esos ojos despavoridos, ansiosos de venganza y ciegos de ira. Al reconocerlos viví el auténtico pánico del pecador, de inmediato me cruzó de arriba a abajo un sentimiento de culpa inmenso, imparable, hasta concluir que merecía esa bala. El dedo acusador, la mala conciencia, la decepcionante imperfección, los ideales incumplidos y una larga lista de maldades perpetuadas en un pasado cercano, consiguieron la sentencia firme: Culpable. Me convertía en unos segundos en fiscal, juez y jurado. Creo que olvidé al abogado defensor y a las pruebas me remito, no fueron necesarias.

Cuando sonó el disparo ya estaba muerto. Ya había dedicado mucho tiempo a destruir todo aquello que me hacia sentir yo mismo. Cuando por primera vez me di cuenta recuerdo haber escrito un poema, el último verso decía: "Me he robado". No hay nada peor que mutilarnos, despojarnos de lo esencial, de lo genuino, de lo que nos conecta directa y llanamente con nuestra propia identidad.

El disparo me vació de sangre y me llenó de felicidad, por fin había pagado por todo aquello que me corroía por dentro. Sentí una liberación inmensa, sonó todo esa carga al caer como una mole de mil toneladas y todavía permanecía erguido. En unos segundos mis rodillas crujieron y golpearon el suelo despacio. El calor de la sangre en la boca me hizo sentir el último sabor dulce.

No hay mal que por bien no venga, si no hubiese muerto, un fatal disparo hubiese sido mi mejor terapia, en un instante liberé los sentimientos de culpa acumulados durante toda la vida, desde que de bebé me hacía responsable de la angustia de mi progenitora hasta mi último acto estéril, una retahíla de fracasos dedicados a mi espesa tendencia a la indisciplina: La tensión a veintidós, el colesterol por doscientos noventa... y un posterior amago de infarto podrían ser la prueba.

Nunca pensé en una muerte tan cinematográfica, en mi fantasía siempre imagine mi final desnucado de un golpe seco al estrujarse la carrocería de mi coche contra una pared fría y distante a doscientos por hora.

Durante las milésimas de segundo que duró el disparo un abanico de preguntas se abrió en mi mente: ¿Quién es esta mujer que me ha disparado y sobre todo por qué, la conozco, qué daño tan grande le causé, cómo pude reconocer sus ojos si no la conocía de nada, de dónde sacó toda la información sobre mi hasta presentarse en la puerta de mi casa, por que eligió mi revolver favorito y cómo lo sabía...?

Ninguna de estas preguntas parecía tener respuesta, no se si fue la inmensa curiosidad o el tamaño de mi cabeza pero no perdí la consciencia hasta que escuché sus únicas palabras, para mi las últimas que escuché vivo.

Hay personas que dicen que no existen las coincidencias, que en realidad todo está unido por un hilo cosmogónico que tiene y busca sus propio sentido, se diría que atraemos todo aquello que engorda nuestra energía, si rezumamos aspectos positivos lo que nos vuelve es positivo, si creamos un halo negativo lo que nos es enviado por las fuerzas del universo también será negativo. Quizá lo simplifico un poco, pero teniendo en cuenta que estoy a punto de morir entenderán que no pierda el tiempo.

Mi reacción les parecerá sorprendente, solo me salió una gran carcajada al escuchar sus únicas palabras, simplemente dijo: ¡Alejandro hijo de puta muérete... cerdoooo!

Entenderán rápidamente mi extraña carcajada justo antes de morir, disparó con los ojos cerrados y lo mas sorprendente... me llamo Miguel.


jueves, 9 de diciembre de 2010

Mi Mantis Religiosa


Busco los rasgos que me inviten a sentir ser parte de la naturaleza. Caminando entre pinos, arbustos y leña seca me encontré con un animal muy hermoso, en esos momentos no lo sabía, se trataba de una mantis religiosa, un insecto, grande y llamativo, no se por qué asociamos los insectos a un animal pequeño, ínfimo quizás.

Un rayo de luz entra por mi ojo izquierdo y me ciega, en el derecho una mota de polvo de un camino recorrido demasiadas veces, no puedo ver bien. El corazón me late deprisa y tengo una sensación de ahogo que me recuerda el aire que respiro para vivir. Respiro hondo y despacio hasta conseguir una cierta calma. Uno se da cuenta en momentos como éste de lo bien que se está normal, sin altos ni bajos. Me desmayo.

Aparece una hermosa mujer en mis sueños, tiene los ojos iluminados como un brillante, una boca con labios sedosos que dibujan una sonrisa perfecta, la piel morena, las manos suaves y delgadas, las piernas largas y bien contorneadas, los hombros redondos y la clavícula huesuda, el trasero redondo como una manzana, los senos pequeños levemente inclinados hacia arriba, la voz dulce casi susurrante y el cabello negro como el azabache. Siento que es la mujer sensualmente perfecta.

Al final del sueño, cuando lentamente me acerco e intento besarla, ella se acerca mirándome y sonriendo fijamente, cuando sus labios están a un par de milímetros de los míos un grito o mejor un aullido me hace ensordecer, mientras sus dientes y su sonrisa desgarran mi yugular. No me duele, el deseo es infinitamente mayor que cualquier otro sentido. Me desangro poco a poco sin decir nada, solamente le tomo la mano y le pido algo muy lujurioso al oído que nunca he sido capaz de escuchar y pierdo la vida sin más.


Cuando después de vivir el sueño me despierto alterado, un sabor dolor extraño recorre todo mi cuerpo durante unos minutos. Luego recobro el sosiego y de vez en cuando se repite sin pedirme permiso... Siempre el mismo y las mismas sensaciones.

Después de ducharme y despabilar se repite exactamente, como en un ritual, la misma imagen, proviene de un documental: Una mantis religiosa hembra devorando la cabeza del macho mientras se aparean. El macho sigue apareándose aún sin cabeza, extrañezas de la naturaleza, tiene un pequeño cerebro en el cuerpo que les puede mantener copulando hasta un día completo. Lo más curioso es que los biólogos afirman que al comerse la cabeza de su pareja ayudará al desarrollo de la vida de sus propias crías. Simplificando, el precio de dar vida,en este caso, es perder la propia. Sobre el placer no sabría qué decirles. Me repiquetean los pinchazos al recordar la imagen de la mantis macho cayendo al suelo sin vida después de ser usado. Usar y tirar.

Son previsibles algunos sueños. La primera noche, la primera vez que tuve este sueño, fue exactamente el día que me encontré y fotografié a una matiz religiosa parda. Jamás había visto una en la realidad, menos aún con la suerte y con el tiempo suficiente para poder darle al botón de la cámara. Existen casualidades que parecen no tener causalidad, encuentros que se combinan, se intercalan, se repiten, se multiplican y no parece a simple vista que tengan entre ellos ninguna relación, solamente en la realidad y en la mente aparece el primero y te lleva a otro, y a otro, y a otro... La regla no existe, en este caso, no aparece la lógica indicándonos la razón de tanta coincidencia, simplemente ocurre, lo intuimos, lo sentimos y queda grabado en una compleja percepción de algún modo siempre intangible.

De hecho, los pensamientos se agolpan y entremezclándose con las propias experiencias crean una nueva dimensión, una realidad propia, una intensa emoción que entona con lo vivido, con el pasado, con el sufrimiento al proyectar todo lo humano ante un hecho natural incomprensible para nosotros.

Suelen funcionar desde un sistema atemporal que se conecta con pequeñas huellas grabadas durante toda nuestra vida. Podemos conectar sin problemas hechos ocurridos antes de nacer, en el útero materno, con una serie de experiencias anacrónicas pero que causaron un gran impacto en nuestro mundo emocional, haciendo especial mención al miedo.

Existe un todo compuesto entre realidad y fantasía que nos mueve, nos condiciona, sobre todo cuando damos con la tecla, una y otra vez, hasta escuchar un acorde que nunca dejamos de escuchar, es una repetición que suena a dentro generando un eco entre millones de emociones percibidas que se asocian cuando algunos de nosotros, muchos, revivimos, en imágenes traducidas a pensamientos, una secuencia sentimental de importancia extrema.

Probablemente todos hemos sido mantis en algún momento, tanto machos como hembras, en nuestras relaciones con los demás. Habría que saber impedirlo.


jueves, 26 de agosto de 2010

El amor en los tiempos del sexo

En la memoria de juventud quedan libros grabados, frases, palabras que te acompañan siempre. Recuerdo de una forma especial el Arte de Amar de Erich Fromm, consiguió que me formulara preguntas que antes nunca se me habían ocurrido, también leer respuestas que superaban a las ideas de un adolescente sobre el amor.Transcurridos unos treinta años, algunas ideas y conceptos del aquel libro sorprenden al pensamiento de pronto intentando completar un rompecabezas que supongo nunca terminaré.
Unos de los conceptos más interesantes que cita es el de separatidad, también la singular forma de definir el arte, el "egoisme à deux", la respuesta es el verdadero amor y lo considera un arte. Nos basaremos en estos que he mencionado para intentar seguir una introducción argumentativa, o al menos así lo espero.

Fromm describe así la separatidad:

Los seres humanos tienen "conciencia de su soledad y su separatidad (separatenss), de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano en una u otra forma con los demás hombres, con el mundo exterior.
La vivencia de separatidad provoca angustia; es, por cierto, la fuente de toda angustia."

Abundando en el asunto: "Las orgías sexuales comunales formaban parte de muchos rituales primitivos. Participar en estos estados orgiásticos, al ser una práctica común e incluso exigida por los médicos brujos o sacerdotes, no producía angustia, sentimiento de culpa o vergüenza. En una cultura no orgiástica se trata de escapar de la separatidad a través del alcohol o las drogas, experimentando el individuo sentimientos de culpa y remordimiento. El acto sexual sin amor no elimina, salvo en forma momentánea, el abismo que separa a dos seres humanos. En esta cultura, esta forma de escapar de la separatidad provoca una cada vez mayor sensación de separación."

Cuando uno relee estas palabras no puede evitar darse cuenta de su actualidad, es precisamente a lo que dedicamos el ocio la mayoría: las drogas-incluido el alcohol- y la búsqueda de deseo-sexo. La falta de compromiso, las relaciones cortas, muchas y variopintas no solo son un disfrute-de hecho así suelen ser- se han convertido en un valor, esto último es lo verdaderamente preocupante. En mi generación era una idiotez que prácticamente asumíamos los varones, en la actualidad la estupidez se ha extendido a las mujeres. Es un insulto para todas aquellas mujeres que se dejaron la piel por dejar de estar sometidas a los varones y también un auténtico y patético retroceso ético y social para todos.

Me parece que es hora de decir sin tapujos y dejando de ser políticamente correctos que el ocio que nos propone esta sociedad es una porquería. Y que los valores por los que hay que gritar son la salud en todos los sentidos, y especialmente, la olvidadísima salud mental. Los gimnasios se llenan de músculos y culos respingones, España es el país del mundo donde más se gasta en cirugía estética. ¿Acaso somos más feos que el resto del mundo? Pero a nadie se le ocurre enseñar lo básico para vivir suficientemente bien.

Los ambulatorios y hospitales están llenos de pacientes que no pueden sentirse bien, personas mayores que reprimidas desde su infancia han destruido su salud mental, incluso creyendo o que es culpa de ellas o que son así. Todo tipo de drogas, desde los fármacos como los ansiolíticos y antidepresivos pasando por el alcohol en medidas increíbles, la maría en todas sus acepciones, la divinizada cocaína y demás sustancias que ayudan a evadirnos de la realidad, de lo mal que nos sentimos, sin ser conscientes de que poco a poco nos destruimos hasta sentirnos mucho peor en el mejor de los casos o morir si te gustan las emociones todavía más fuertes.

Lo peor del presente son la falta de valores claros y esto ocurre porque no sabemos sencillamente qué es el ser humano esencialmente. Las personas necesitamos un nido emocional sano seguro y tranquilo, y no creo que haya reglas,cada uno que se lo monte como quiera, como le funcione, pero lo necesitamos. ¿Y quién te lo dice hoy sin poner la boca pequeña o parecer un retrógrada? Ni los padres, ni los colegios, ni los políticos se atreven, requiere demasiado esfuerzo, amor propio, conocimiento y confianza. No se puede transmitir lo que no se sabe, estamos todos demasiado ocupados en la economía y en la política mediática, epicentros actuales de la vida.

Estoy sumamente cansado de relaciones superficiales o de interés puro, infinitamente cansado de observar a amigos que no somos capaces de intimar de verdad, de hablar de lo que duele, de aprender del otro, de ocultar la debilidad bajo mil personajes, de ver cuantos sentimientos se convierten en veneno, de personas que se quieren y son incapaces de entenderse, de ver como las relaciones amor-odio predominan en las familias y en las parejas, de salir a la calle y poder predecir las conversaciones, los actos sociales, las fiestas, quien va a a follar con quien, quiénes se aguantan y sin parecerlo no se soportan, de ver el miedo mental paralizando vidas, eliminando el crecimiento e incrementando el aburrimiento, la apatía y el hastío. Personas valiosas sin problemas objetivos destrozándose literalmente, huyendo de sí mismos, por no enfrentarse a ese lado oscuro que todos tenemos y armonizarlo hasta colocarlo en su lugar.

La sorpresa es como el hedonismo impera sin duda en una sociedad que no entiende el fracaso, ni la debilidad, ni el miedo, ni las crisis, ni la imperfección de amigos, amantes, maridos, mujeres, madres, padres, hermanos, tíos y primos..., ni la singularidad, ni la importancia de la salud mental, ni el esfuerzo, ni el compromiso, ni la depresión, ni la ansiedad, ni la enfermedad, ni el tener, ni la envidia, ni los condicionamientos, ni la justicia, ni la desigualdad, ni las tetas o los penes pequeños, ni la belleza, ni el arte, ni... lo importante.

Estoy seguro de que el día en el que la mayoría de los seres humanos seamos capaces de saber, desde la experiencia interna, qué y quienes somos, comenzará una nueva era en la que el amor propio será el eje de la vida pese a todo y como consecuencia encontraremos un camino de encuentros que no es otro que el del amor, donde todo cabe, porque abre los ojos a una perspectiva completamente humana. El amor no es más ni menos que respeto, consideración y ganas de sentir la vida en todo su contenido con los demás.

Ayer fue la Tomatina y más de 38.000 personas pasaron una hora de alegría, dolor, frío, calor, emoción, miedo, placer, risas, cansancio... semejantes, pero cada uno distinto, incluso algunos imbéciles rompiendo y arrojando camisetas, como la vida misma. Unidos por un motivo: el ritual y la potencial novedad de la Fiesta. Hoy queda la experiencia y la resaca, veamos mañana.